A través de trazos circulares compactos y sombreados delicados, Robert Pruitt crea retratos que invitan a entrar en un mundo mágico. Usando una mezcla de carbón, conté y pastel, su obra parte del relato personal como vía para explorar temas colectivos más amplios: la cultura del sur de Estados Unidos, los rituales y las identidades entrelazadas.

El artista trabaja con modelos a los que fotografía en su estudio en Harlem, vistiendo disfraces construidos con elaborados detalles. A partir de esas sesiones emergen los dibujos, aunque Pruitt prefiere trabajar en gran formato. Sus retratos, de más de dos metros de altura, se dibujan sobre papel teñido con café, lo que les da un fondo cálido que contrasta con el detallado trabajo de líneas y sombras.

Uno de sus autorretratos recientes muestra al artista con sus características gafas de broma, cuyos lentes en espiral tipo rayos X descansan sobre su frente. La pieza, de más de tres metros de ancho, se enfoca en sus manos adornadas con joyería dorada. En una de ellas destaca un anillo de los Houston Rockets, haciendo referencia a su ciudad natal. El título alude al personaje de Herman Smith, interpretado por Richard Pryor en la versión de 1978 de The Wiz, la reinterpretación afroamericana de El Mago de Oz.

Los adornos tienen un rol central en la obra de Pruitt: le permiten explorar preguntas sobre identidad, cultura, lugar y tiempo, pero también le ofrecen, como él mismo dice, una excusa para “dibujar algo raro y divertido”. Motivos como limones, hongos, serpientes o aves se han vuelto recurrentes en sus retratos, y suelen envolver a la figura central. En Princess with a plague of Grackles, por ejemplo, este ave tan típica de Texas se posa en los hombros y brazos de una mujer sentada.

“Últimamente he estado pensando en el cuerpo como una continuidad del mundo”, comenta Pruitt. “Nuestros cuerpos absorben cosas, sueltan otras… y ese proceso, para mí, señala una especie de igualdad con todo lo que nos rodea”.