Desde luces misteriosas y neblinas malévolas hasta fantasmas y espíritus como los skinwalkers de los diné, el desierto ha inspirado desde hace mucho tiempo mitos y relatos de lo sobrenatural. El oeste estadounidense, en particular, se caracteriza por sus vastos cañones, mesetas y montañas, así como por el individualismo indómito de quienes habitan un paisaje que muchos considerarían inhóspito. Tampoco es difícil imaginar cómo la atmósfera de monzones intensos, el sol implacable o la luz de una luna llena pueden evocar lo inquietante.

Wiley Wallace, radicado en Phoenix, capta la magia del desierto en pinturas acrílicas luminosas con cristales, fuerzas energéticas enigmáticas, luz de estrellas y espectros. Su exposición individual actual, Night Bloom, en Arch Enemy Arts, presenta obras con apariencia de gemas que van de los 16 pulgadas de ancho en las más grandes hasta apenas seis por seis pulgadas, mostrando un detalle increíble.

En escenas crepusculares del desierto, figuras se reúnen alrededor de remolinos de luz parecidos a nebulosas y enormes cristales prismáticos que parecen elevarse justo frente a ellas. Wallace evoca más asombro y contemplación que miedo o aprensión, como si estos eventos hubieran sido buscados, o incluso invocados. También podrían representar portales, quizás hacia otros planos espirituales o etapas de la vida, con ese encanto inherente a lo inexplicable y lo sublime.

Night Bloom continúa hasta el 30 de agosto en Filadelfia. Conoce más en el Instagram del artista.