A lo largo de la historia del arte y en la naturaleza, la espiral ha fascinado por su simbolismo de ciclos, transformación y flujo perpetuo. Tradiciones antiguas como el triskele la relacionan con la vida, la muerte y el renacimiento, así como con la unión de cuerpo, mente y espíritu. También aparece en conchas marinas y plantas, asociada al número áureo.

La artista brasileña Maria Nepomuceno toma inspiración de esta forma natural y su carga espiritual para su nueva exposición Cunhó, que abrirá en septiembre en la galería Sikkema Malloy Jenkins, en Nueva York. El título —un apodo que le dio su madre— nombra una serie de esculturas que mezclan tradición artesanal brasileña con formas ondulantes, colgantes o incrustadas en espacios arquitectónicos.

Sus obras, hechas con cerámica, madera, cuentas, fibras, paja y materiales encontrados, evocan tanto células biológicas como paisajes cósmicos. Referencias a la anatomía femenina, vasijas, canastos y conchas —símbolos de fertilidad y abundancia— refuerzan la idea de crecimiento y plenitud. Piezas como Abraçaço (“abrazo”) muestran figuras femeninas abrazando conchas y formas abstractas, mientras que Mar Amor evoca el ouroboros, símbolo de los ciclos eternos.

Nepomuceno logra un universo vibrante donde lo orgánico e inorgánico se entrelazan, representando ciclos de cuidado, nutrición y renovación constantes.

La exposición Cunhó estará abierta del 2 de septiembre al 11 de octubre en Nueva York.