El absurdo elegante de Paco Pomet: cuando la nostalgia se vuelve surreal
Figuras con múltiples piernas, brazos que parecen fideos y árboles que corretean como si fueran personajes de una caricatura perdida del siglo pasado. Así funciona el mundo visual de Paco Pomet, un artista que domina el arte de lo absurdo con una precisión casi cinematográfica.
Sus pinturas, casi siempre en escala de grises, parten de fotografías antiguas que podrían pertenecer al álbum familiar de cualquier década olvidada. Pero Pomet las estira —literal y metafóricamente— hasta romper la lógica. Entre trazos clásicos aparecen destellos de color: una extremidad exageradamente elástica, un objeto celeste que flota sin explicación, un detalle que rompe la nostalgia y la convierte en extrañeza.
Lo que hace Pomet no es solo intervenir imágenes antiguas: es alterar la memoria. Toma escenas que reconocemos —bosques, retratos, momentos cotidianos— y las empuja a un territorio donde la realidad parece haber perdido el equilibrio. El resultado es un tipo de humor visual que no se burla: incomoda, intriga y, de algún modo, invita a volver a mirar.
Su más reciente exposición, Planet Circus, juega precisamente con esa idea: mundos que funcionan como pistas circenses donde la gravedad, el cuerpo y el sentido común obedecen reglas nuevas.
Un recordatorio de que, incluso en la nostalgia, siempre hay espacio para lo absurdo.












